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lunes, 12 de mayo de 2008

mi patria es mi infancia



Anoche estuve en una fiesta de cumpleaños de un compañero del trabajo. Llegué con hambre y me devoré dos hamburguesas.
Luego recordé que tenía sed y me tomé unas cervezas.
Luego no quise más alcohol y me tomé una coca.
Luego se me revolvió el estómago y tomé agua.
Luego quería algo dulce que no fuera coca, y tomé agua tónica.
Odio el agua tónica.


Cuando era chica, hasta mis 12 años creo, mis abuelos vivían en Pompeya.
Habían venido de España escapando del franquismo (mi abuela siempre decía que la guerra fue culpa de Franco y de nortamérica), y se mudaron todos los Fernández con los Albarellos en la misma casa chorizo. Mis abuelos vivían en la casa del fondo.
Fin de semana por medio ibamos a almorzar pastas o asado a su casa. Tenían un parral sostenido por dos columnas de las que mi hermano y yo nos colgábamos jugando a alcanzar las uvas.
Los grandes tomaban vino con soda y para los chicos había agua tónica. Yo odiaba el agua tónica. Me dejaba el gusto amargo e insatisfecho entre los labios, y tenía que comer más para sacarme el gusto feo. Me aguantaba la sed todo lo que podía. Mi hermano zafaba porque a él le gustaba la soda (incluso una vez vi que mi papá le dio a probar vino, pero como no le gustó yo ni quise intentarlo). Solo quedaba el agua tónica llena de gas, y yo no podía enteder cómo les gustaba a mi abuela y a mi tío.
Para las fiestas, compraban cocacola. Era como un gran premio por haber soportado todo el año el agua tónica. Bueno, todo el año no. También estaban las pascuas y el huevo gigante.
Pero no había forma. Estaba condenada a sobrevivir a los almuerzos en casa de mis abuelos en Pompeya. La salsa de mi abuela siempre era rica. Pero el agua tónica…

Anoche estuve en una fiesta de cumpleaños de un compañero de trabajo. Y después de probar todas las bebidas a mi alcance sin lograr satisfacción, me la jugué para recordar lo horrible que sabía el agua tónica. Mientras la gente sudaba bajo las luces intermitentes, al ritmo de la cumbia que nos atravesaba la sangre, parada como estaba, bebí. Me golpearon los recuerdos sepia de una mesa de domingo y la gran familia Fernández-Albarellos de los cuales sólo quedamos la mitad. Se me escapó una mueca de costado. Respiré hondo, y cuando me sorprendí sonriendo, descubrí también que el agua tónica tenía gusto a infancia. Y a familia.

miércoles, 30 de abril de 2008

...y que pasa si un día cualquiera, un día de estos niniadesastre deja de ser niña desastre, y se vuelve niniaordenada, niniaprolija, niniadiscreta... Mmmm... no sé... niniadesastre sigue siempre latente, al acecho, no acepta transmutación, escondida como grillito detrás del mueble, con sus deditos juntos y ese brillito en los ojos que indica que va a cometer alguna travesura... o ya la hizo y aún nadie se ha dado cuenta. No hay caso, siempre habrá niniadesastre en un rinconcito para dejarnos en evidencia, que no existe tal niniaordenada, niniaprolija, niniadiscreta...
eso me deja un poco mas tranquila.
Pero sólo un poco.

lunes, 25 de febrero de 2008

zapatillas de punta




Niniadesastre tiene una zapatillas de punta que se compró hace un tiempo bastante para reconciliarse con un algo en alguna parte de ella que andaba de ausencias. Material simbólico, prenda de reconciliación. Se la compró un día de paso a algún lado, sin ningún ritual ni premeditación... sólo porque las andaba precisando. Las pidió, se las probó, 36-36 1/2 - 37 -37 1/2 ??? Cuál sería su número después de tantos años? Las guardó en su mochila y se las llevó. Caminó, caminó contenta camino a su casa, como si las puntas amanecieran por su sonrisa haciéndose ver siempre transparentes ante los desconocidos. Pasó por la mercería, compró cintas y elásticos, cotejó colores con recelo y siguió su camino. Llegó a casa, las sacó, las miró, a escondidas las abrazó, como objeto perdido recuperado, como llegadas de regreso de un largo viaje.
Aunque hoy Niniadesastre prefiere a lasdemediapunta , se ríe con sus zapatillas de punta, aunque le dejen los dedos mochos, cuadraditos y les saque ampollas... no las reta. Están colgadas ahí, desde sus cintas frente a su cama. Niniadesastre de tanto en tanto las mira, y las puntas de costadete le guiñan un ojo, actualizando así esa complicidad que las recupera.

martes, 5 de febrero de 2008

No hay edad para la niña desastre

Se levanta cerca de las 7am. Camina hasta la cocina y carga la pava. Con lagañas en los ojos, pone a hervir el agua.
Regresa a la habitación, se ajusta el corpiño estirado y cambia el camisón por una musculosa verde, y holgada como ella. Luego el jogging capri. Mas negro que lo normal. Y de nuevo las chinelas marrones.
Corre las cortinas gastadas y deja pasar la luz que enciende los muebles sin brillo y marrones.
Vuelve a la cocina, saca la pava del fuego y sirve el agua en la taza, sobre el saquito de té.
Camina hasta el espejo del pasillo y abre el porta-maquillaje que reposa gastado.
Pinta sus párpados con un leve verde manzana, apenas para iluminar la mirada. Pasa el rimel negro por sus pestañas mientras se mira al espejo pensando que los años no le han quitado sensualidad. Abre su boca en O y recorre los labios con un fuerte labial fucsia. Un poco de colorete en cada cachete...
Y busca el alhajero. El collar de perlas que le regaló su marido le quedaba divino. Mira el portarretrato, a su izquierda, sobre la mesita que media entre ella y el espejo de marco negro como los hoyos de su nariz que se abren con gesto resignado. Inhala profundamente... y exhala con rapidez. A él no le gustaba que se maquille.
El rubor no había alcanzado a cubrir todas las arrugas pero sonríe complacida.
Acomoda su rubia permanente (el sábado le toca peluquería).
Se pone la pulsera de oro que le regalaron sus nietos el último cumpleaños y observa sus finas manos con duda.

Toma su té y muerde un pan con queso por-salut.
Cambia las chinelas por medias y zapatillas.
Se cuelga del hombro la cartera y sale.

Así me la encuentro tres veces por semana, transpirando el maquillaje sobre sus perlasn en la clase de aero-local.

viernes, 1 de febrero de 2008

Made in China

Niniadesastre hojea parati mientras defeca.

Cuerpos esbeltos y bikinis en cavados mínimos se contornean en las playas de San Ignacio.

Lejos de las pasarelas y más bien tirando a Floresta, Niniadesastre percibe la conveniencia de adquirir una tijerita china para alojar en su baño y así por lo menos lograr un cavado digno.

Y es que Niniadesastre sabe que esto será lo más cercano a una chica parati que tiene a su alcance.
Sin más vueltas, Niniadesastre tira la cadena y sale en su búsqueda.

Arribando a la tienda de origen oriental, Niniadesastre recuerda que puede llegar a ser ofensivo para los empleados de la tienda solicitar el elemento cortante como “chino” (porque Niniadesastre lee mucho más que la parati y sabe - o le contaron en un bar- que hay culturas donde cosas que a nosotros nos parecen comunes son una ofensa, como el rojo para los marroquíes o decir “pico” a los chilenos. O algo así).

Pero ya es tarde. La mujer de la tienda abre sus ojos rasgados y espera con una sonrisa el pedido.

Niniadesastre titubea:
-quiero una tijerita….una tijerita….

Mujer de la tienda se inclina cada vez más por encima del mostrador, como si realizando esto ayudara a Niniadesastre en su pedido. Al notarlo poco fructífero, Mujer de la tienda dispara:

-una tijerita PARA QUÉ?

Niniadesastre suda, y a pesar de que aún no ha dicho nada, teme que Mujer de la tienda posea poderes extrasensoriales y lea mentes.

Niniadesastre desespera, pero no retrocede:
-para…para….CHINA. UNA TIJERITA CHINA.

Niniadesastre sale de la tienda con el minúsculo paquete rojo que la llevará más cerca de San Ignacio, y sonríe. Bah, en realidad se ríe.

miércoles, 30 de enero de 2008

He dicho

Hice la gran George, y decidí hacer todo al reves de cómo lo haría.

...

y me va bárrrrbaroooo!!!

(este post es como un paréntesis, dedicado a Rombolá)