sábado, 31 de mayo de 2008

miércoles, 21 de mayo de 2008

lunes, 12 de mayo de 2008

mi patria es mi infancia



Anoche estuve en una fiesta de cumpleaños de un compañero del trabajo. Llegué con hambre y me devoré dos hamburguesas.
Luego recordé que tenía sed y me tomé unas cervezas.
Luego no quise más alcohol y me tomé una coca.
Luego se me revolvió el estómago y tomé agua.
Luego quería algo dulce que no fuera coca, y tomé agua tónica.
Odio el agua tónica.


Cuando era chica, hasta mis 12 años creo, mis abuelos vivían en Pompeya.
Habían venido de España escapando del franquismo (mi abuela siempre decía que la guerra fue culpa de Franco y de nortamérica), y se mudaron todos los Fernández con los Albarellos en la misma casa chorizo. Mis abuelos vivían en la casa del fondo.
Fin de semana por medio ibamos a almorzar pastas o asado a su casa. Tenían un parral sostenido por dos columnas de las que mi hermano y yo nos colgábamos jugando a alcanzar las uvas.
Los grandes tomaban vino con soda y para los chicos había agua tónica. Yo odiaba el agua tónica. Me dejaba el gusto amargo e insatisfecho entre los labios, y tenía que comer más para sacarme el gusto feo. Me aguantaba la sed todo lo que podía. Mi hermano zafaba porque a él le gustaba la soda (incluso una vez vi que mi papá le dio a probar vino, pero como no le gustó yo ni quise intentarlo). Solo quedaba el agua tónica llena de gas, y yo no podía enteder cómo les gustaba a mi abuela y a mi tío.
Para las fiestas, compraban cocacola. Era como un gran premio por haber soportado todo el año el agua tónica. Bueno, todo el año no. También estaban las pascuas y el huevo gigante.
Pero no había forma. Estaba condenada a sobrevivir a los almuerzos en casa de mis abuelos en Pompeya. La salsa de mi abuela siempre era rica. Pero el agua tónica…

Anoche estuve en una fiesta de cumpleaños de un compañero de trabajo. Y después de probar todas las bebidas a mi alcance sin lograr satisfacción, me la jugué para recordar lo horrible que sabía el agua tónica. Mientras la gente sudaba bajo las luces intermitentes, al ritmo de la cumbia que nos atravesaba la sangre, parada como estaba, bebí. Me golpearon los recuerdos sepia de una mesa de domingo y la gran familia Fernández-Albarellos de los cuales sólo quedamos la mitad. Se me escapó una mueca de costado. Respiré hondo, y cuando me sorprendí sonriendo, descubrí también que el agua tónica tenía gusto a infancia. Y a familia.

viernes, 9 de mayo de 2008

Baldear la Vereda

Acción que me es ajena, distante... que repica a lo lejos como costumbre foránea-no-familiar es, baldear la vereda.
Baldear la vereda es algo que en mi casa nunca se usó, tampoco estaba vedado, simplemente no estaba en la lista de cosas que "hay que hacer". Sólo sé que mi mamá lo hacía cuando se inundaba y porque quedaba toda la hojarazca media podrida, lo cual ya es bastante desagradable entre las muchas otras cosas posibles de encontrar, pegada en las baldosas. Y se inundaba seguido, por que de tantas promesas políticas el último caudillo peronista nunca había terminado de entubar el arroyo Sarandí. Al mismo tiempo no estoy segura de que mi madre baldeara la vereda cada vez que se inundara. Recuerdo mas inundaciones que baldeos de vereda. Hoy creo que el arroyo ya esta entubado, pero Lanús se sigue inundando.

Por eso será que mirar esas mujeres (porque por lo general son mujeres, raramente hombres salvo la excepción: hombre -encargado-de-edificio)con chinelas y ropas "así nomás", arrojando una y otra vez aguas sobre la calzada, me causa cierta incomprensión del asunto. Y por eso es que hoy tempranito, tipo siete, cuando una de esas aguas me sorprendió en su camino, podría decir que me irrité bastante, considerando también el agujerito que tengo en la suela de mi zapato derecho que conduce directamente a mi pie y por el cual entra mucha agua si piso el charquito.
Existen dos horarios para baldear la vereda, según una observación primaria y precaria del asunto, tipo siete y tipo diez. Qué determina que alguien salga a un horario o en el otro...¿?...no lo sé. Se podría esbozar que el de las siete, es quién realmente cree en que la vereda se baldea, y el de las diez, que es el mas molesto por que es un punto con mas tránsito peatonal que el anterior, sólo lo hace para demostrarle a sus vecinos que él también baldea la vereda. De hecho, la única vez que baldié la vereda, que creo tendría doce años, lo hice tipo once para que todos mis vecinos vean que en mi casa también se baldeaba la vereda, hice como bastante escandalo y tiré mucha agua, la dejé bien empadada para que también la vean aquellos vecinos que pasaran mas tarde.
Y... no hay nada mas molesto que, mas tarde, cuando ya no haya rastros de que la vereda ha sido baldeada, pisar inoportunamente una impertinente baldoza floja, y empaparse una vez mas de esas aguas arrojadas entre las siete y las diez.


miércoles, 7 de mayo de 2008

domingo, 4 de mayo de 2008

Noche en bajo flores


ojo de pez tuerto II

es interesante
ver las ranas que te saltan
a los ojos
cuando intentamos
e intentamos
comernos la noche
(pesarnos los des nudos)

a veces la fiebre
viaja en esponja
para abrirse como pocas
a veces
es fascinante
verte y cohabitarte
(pesarte los des nudos)